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 CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.

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Cazador de Duendes



Cantidad de envíos: 563
Fecha de inscripción: 29/04/2012
Localización: Entre lo sublime y lo ridiculo

MensajeTema: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    03.02.13 22:59

Voy a reunir en este post todas las versiones que sobre el cuento de Charles Perrault encuentre, empezaré con la versión original.

1.- La historia original de Caperucita Roja

El cuento de Caperucita Roja, es quizá el cuento más famoso por antonomasia. Difundido por gran parte de Europa, ha sido plasmado en varios escritos en los que el denominador común, es que la protagonista lleva puesta una caperuza de color rojo, pero hubo varias versiones las cuales diferían de la que todos conocemos...




¿Preparados para conocerlas?

Charles Perrault fue el primero en recoger esta historia en un volumen de 8 cuentos de 1697, llamado Les histories et contes du temps passé avec des moralités, ou contes de ma Mêre l'Oy, (vendría a significar Los cuentos de la madre oca). El cuento de Caperucita se titulaba, Le petit chaperon rouge.



Fue contratado por la corte de Luis XIV, para que escribiese unos cuentos para la hija de este, Charlotte D'Orleans.

Para ello, se adentró en varias aldeas humildes y alejadas del glamour de la capital, escuchando todas las grandes historias de folklore popular. A su vez, aparecieron con el otros mitos de la literatura infantil, como el Gato con Botas o la Cenicienta.

Suprimió todo lo que no le gustaba, y lo adaptó a tiempos modernos, añadiendo algún rasgo de humor.

La popularidad del libro en España fue casi inmediata. La biblioteca Nacional todavía conserva un ejemplar francés.



En la versión de Perrault, destacaba este cuento sobre los demás, pues la leyenda era bastante cruel, cuyo destino era prevenir a las niñas de sus encuentros con extraños.

El autor recopiló algunas cosas diferentes que omitió en su versión escrita presentada al monarca: en la parte en la que el lobo estaba disfrazado de abuelita, invitó a Caperucita a consumir carne y sangre de su propia abuela, a la que previamente ya había descuartizado. Pero no acabó ahí, pues el lobo le hizo curiosas proposiciones como que orine su cama.

Como en los otros relatos de su libro, con mayor o menor calado quiso dar una especie de moraleja sobre la vulnerabilidad, la estupidez, el desamparo...



Al final, Caperucita es atada a la cama, para luego ser devorada viva. El cuento terminó de forma muy cruel, pero la primera versión posee alguna lectura más relacionada con el sexo y el erotismo.

El cuento original simboliza el despertar de la sexualidad.

El autor nos presentó a una niña con una vestimenta roja, como símbolo de los inicios de su madurez sexual; el lobo se nos presenta como un símbolo del sexo salvaje y sin control; el cazador, el sexo en la civilización, es decir, controlado.

Quizá, el autor pretende decirnos que el fin último es la procreación, y no la liberación ociosa de los instintos...quizá castigó por ello a Caperucita; para que las niñas estuviesen prevenidas.



Pero no acaban ahí las connotaciones sexuales, pues si lo analizamos, podemos encontrar cosas atípicas, como la presentación de un lobo travestido de mujer, evocando una ambigüedad inquietante.




¿Qué veíamos en Caperucita? Una adolescente joven, sensual y rebelde, que no dudó en desnudarse y meterse en la cama con el lobo:

"Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima del arca y ven a acostarte conmigo, dice el lobo. Caperucita Roja se desnudó y fue a meterse en la cama, donde se quedó muy sorprendida al ver como era su abuela en camisón.."

Más tarde, en 1812, los archiconocidos Hermanos Grimm, reescribieron la historia, siendo la versión que todos conocemos y la más difundida.

Utilizaron el cuento de Perrault, una versión oral de una chica que leyó el cuento de Perrault al poco de publicarse, y una obra escrita por Ludwig Tieck.

La versión de los Grimm era más inocente y menos erótica, añadiendo un final feliz, en el que la abuelita salva a su nieta sin ayuda de nadie.



Les dejo por si les interesa, el cuento original de Perrault:

“Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tan bien que todos la llamaban Caperucita Roja. Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.


-Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.


Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:


-Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.


-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.


-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.


-Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.


El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.


-¿Quién es?


-Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía. La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:


-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá. El lobo tiró de la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.


-¿Quién es?


Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:


-Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.


El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:


-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá.


Caperucita Roja tiró de la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:


-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.


Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:


-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!


-Es para abrazarte mejor, hija mía.


-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!


-Es para correr mejor, hija mía.


Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!


-Es para oírte mejor, hija mía.


-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!


-Es para verte mejor, hija mía.


-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!


-¡Para comerte mejor!


Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.


Moraleja: Aquí vemos que la adolescencia, en especial las señoritas bien hechas, amables y bonitas, no deben a cualquiera oír con complacencia, y no resulta causa de extrañeza ver que muchas del lobo son presa. Y digo el lobo, pues bajo su envoltura no todos son de igual calaña, los hay con no poca maña, silenciosos, sin odio ni amargura, que en secreto, pacientes con dulzura van a la siga de las damiselas hasta las casas y en las callejuelas; mas, bien sabemos, que los zalameros, entre todos los lobos, ay, son los más fieros.”
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Última edición por Cazador de Duendes el 18.02.13 22:06, editado 11 veces
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Cazador de Duendes



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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    04.02.13 16:45

2.- Caperucita Roja. Versión del Lobo.











“El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio. Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí unos pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi llegar a una niña vestida de una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la viesen. Caminaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté quién era, de dónde venía, a dónde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues el bosque también era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita. Le expliqué la situación y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor.

Ahora bien, la niña me agradaba y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña mostraba una apariencia tierna y agradable, pero comenzaba a caerme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Reconozco que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y gritándole que era así de grande para comérmela mejor. Ahora, piensen Uds: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando mientras yo corría detrás suya tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr me la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé corriendo.

Me gustaría decirles que éste es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz de que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme y a odiarme.

Desconozco que le sucedió a esa niña tan antipática y vestida de forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión. Ahora ya la conocen…”

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Cazador de Duendes



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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    05.02.13 19:08

3.- El cuento popular francés.


Es la primera versión oral conocida de Caperucita, (véase otras hermanas orales de Caperucita en este blog) una leyenda cruenta para asustar a niños y… divertir a adultos; sin caperuzas, ni moralejas, ni leñadores salvadores, distinta a la que actualmente contamos a nuestros hijos y de la que se nutrirán otras versiones posteriores… pero eso es ya otra historia…

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Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.

– A la casa de mi abuela, le contestó.

– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?

– El camino de las agujas.

El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.

– Entra, hijita.

– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.

– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.

La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:

– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!

Después el lobo le dijo:

– Desvístete y métete en la cama conmigo.

– ¿Dónde pongo mi delantal?

– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.

Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:

– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.

Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:

– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?

– Para calentarme mejor, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?

– Para poder cargar mejor la leña, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?

– Para rascarme mejor, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?

- Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.”

--------------------------------------------------------------------------------
“En los cuentos campesinos franceses, según señala Robert Darnton, el final catastrófico para el protagonista no supone ningún tipo de sermón, moraleja o castigo por la mala conducta. El universo planteado por estos cuentos no está gobernado por ninguna moral tangible, la buena conducta no determina el éxito, ni la mala conducta el fracaso del protagonista. Caperucita no ha hecho nada para ser devorada por el lobo “porque en los cuentos campesinos, a diferencia de los de Charles Perrault y de los hermanos Grimm, ella no desobedece a su madre, ni deja de leer las señales de un orden moral implícito que están escritas en el mundo que la rodea. Sencillamente camina hacia las quijadas de la muerte. Este es el carácter inescrutable, inexorable de la fatalidad que vuelve los cuentos tan conmovedores, y no el final feliz que con frecuencia adquirieron después del siglo XVIII.”

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Lola.



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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    06.02.13 1:07

Cazador de Duendes te felicito por tus relatos son muy interesantes, me encantan.

Gracias por tu colaboración. 123 123 123 123 123 123

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Cazador de Duendes



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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    06.02.13 1:20

Lola. escribió:
Cazador de Duendes te felicito por tus relatos son muy interesantes, me encantan.

Gracias por tu colaboración. 123 123 123 123 123 123

Gracias Lola, solo me gusta compartir lo que leo o escribo, pensando que debe haber cuando menos una persona más a la que le guste.

¡Saludos!

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Cazador de Duendes



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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    06.02.13 1:29


[size=18]La primera versión escrita y publicada de Caperucita roja data de 1697, y es el más breve de los ocho relatos que en “Les Histoires et contes du temps passé avec des moralités, ou Contes de ma Mère l’Oy”e (algo así como Cuentos de la Madre Oca: historias o cuentos del pasado) Charles Perrault (París 1628-1703) – con 69 años de edad y bajo el seudónimo de su hijo Pierre Perrault D´Armancour – dedicara a una princesa de la corte de Luis XIV: Charlotte D´Orleans (abuela paterna de María Antonieta). En dicho libro, cuyo título evoca a un antiguo romance en el que la Mamá Oca convoca a su hijitos para relatarles historias aleccionadoras, se incluyen, además, otros siete cuentos considerados actualmente verdaderos mitos de la literatura infantil: Barba Azul, El Gato con Botas, Cenicienta, Riquet el del copete, Pulgarcito, La bella durmiente y Piel de Asno.

Perrault, partidario de los modernos frente a los antiguos, cansado de la farsa burguesa parisina, se adentró en los pueblos más pobres y alejados de la capital francesa y recopiló en su libro los relatos del folclore popular que eran transmitidos de manera oral. Para ello suprimió cuanto tenían de vulgar, integró los elementos populares del cuento a una trama romántica, los acomodó a la sociedad de su tiempo (las damas de la corte), y les añadió algunos rasgos de humor. En el caso de Caperucita parece ser que el cuento se lo escuchó a la niñera de su hijo





En esta versión de “Le petit Chaperon rouge”, literalmente “El pequeño chaperón rojo” o “El Chaperoncito rojo” (el apelativo en su idioma original es de género masculino) Perrault suprime escenas de la leyenda original poco apropiadas para la corte de Versalles, como cuando el lobo disfrazado invita a la niña a comer algo que ella no sabe que son los restos de su querida abuelita. El canibalismo y lo escatológico desaparecen, por tanto, del texto de Perrault, pero no la crueldad, pues el lobo devora tranquilamente – de nuevo- a la chiquita. Es el único de sus cuentos que acaba mal. Y termina así para que sirva de lección a las niñas de encuentros con desconocidos, tal y como leeremos en la moraleja final. Otro aspecto a destacar por algunos analistas literarios y “freudianos” obsesionados por Edipo, es el sentido sexual incipiente y latente de la historia. Tomad vuestras propias conclusiones: “Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima del arca y ven a acostarte conmigo, dice el lobo. Caperucita Roja se desnudó y fue a meterse en la cama, donde se quedó muy sorprendida al ver cómo era su abuela en camisón…”.


Los cuentos de Perrault volvieron de nuevo a ser orales a través de un pequeño libro de bolsillo, “La Bibliothèque bleue”, que era leído en voz alta en las veladas de los pueblos por alguien que supiese leer. Muchas de estas versiones se difundieron más allá de las fronteras francesas, hacia Alemania, generalmente a través de familias calvinistas que huían de Francia, oficialmente católica, llevando su repertorio de cuentos orales, entre otros, las versiones de Perrault. Esta es en parte la fuente de los hermanos Jacobo (1785- 1863) y Guillermo (1786- 1859) Grimm, quienes escucharon Caperucita, el Gato con Botas, Barba Azul y otros cuentos de una vecina y amiga que los había aprendido de su madre, originaria de una familia de hugonotes.



Vemos, por lo tanto, que casi un siglo después, los Hermanos Grimm continuaron con la labor iniciada por Charles Perrault. Pero eso es una historia para otra ocasión… Os dejo con “Le petit Chaperon rouge”:


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4.- El Chaperoncito Rojo



“Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tan bien que todos la llamaban Caperucita Roja. Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.

-Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.



Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:

-Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.

-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.

-Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.

El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.


-¿Quién es?

-Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía. La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:

-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá. El lobo tiró de la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.

-¿Quién es?

Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:

-Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá.

Caperucita Roja tiró de la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:



-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.



Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!

-Es para abrazarte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!

-Es para correr mejor, hija mía.

Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!

-Es para oírte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!

-Es para verte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!

-¡Para comerte mejor!

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.”



Moraleja

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros


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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    06.02.13 16:42

Caperucita Roja: 5.- Versión del lobo enamorado.




La adaptación del cuento de Caperucita Roja que les presento a continuación se ha extraído del libro “Caperucita roja y otras historias perversas” del escritor colombiano Triunfo Arciniegas. Es un relato romántico de un lobo enamorado de una niña perversa… con caperuza roja… Si les gustó la versión del lobo con la que iniciamos este recorrido en la historia de Caperucita, no se pueden perder esta otra visión (amorosa) del lobo (feroz).



Pero antes de leer el cuento hagamos una breve reseña del autor. Triunfo Arciniegas. Nació en Málaga, Santander (Colombia), en 1957 y actualmente vive a la orilla del camino de niebla de Monteadentro, en las afueras de Pamplona (Colombia). Escribe con insistencia sobre gatos, bandidos, ángeles, vampiros y otros monstruos amados, en tardes de lluvia para matar la nostalgia y en noches de luna llena para alejar las pesadillas. Ha publicado numerosos libros: El cadáver de sol, En concierto, La silla que perdió una pata y otras historias, El león que escribía cartas de amor, La media perdida, La lagartija y el sol, Los casibandidos que casi roban el sol, La pluma más bonita, Serafín es un diablo, El Superburro y otros héroes, El vampiro y otras visitas y las obras de teatro El pirata de la pata de palo, La vaca de Octavio, La araña sube al monte, Lucy es pecosa, Después de la lluvia, Mambrú se fue a la guerra. Con Las batallas de Rosalino obtuvo el VII Premio Enka de Literatura Infantil, con La muchacha de Transilvania y otras historias de amor el Premio Nacional de Literatura de Colcultura y con Torcuato es un león viejo el Premio Nacional de Dramaturgia. Fue finalista del concurso A la orilla del viento (México) en 1993, por Bariloche. En 1997 recibió la Mención de Honor del Premio Mundial de Literatura José Martí (San José de Costa Rica) por la totalidad de su obra literaria. Dirigió el teatro de niñas La Manzana Azul durante diez años y ahora realiza talleres de literatura en distintas ciudades, un buen pretexto para viajar, ver cine, enriquecer la biblioteca y otras delicias.

Con su obra Caperucita Roja y otras historias perversas, del cual extraemos el siguiente texto obtuvo en 1991 el Premio Comfamiliar del Atlántico (Barranquilla).



Caperucita Roja de Triunfo Arciniegas.




“Ese día encontré en el bosque la flor más linda de mi vida. Yo, que siempre he sido de buenos sentimientos y terrible admirador de la belleza, no me creí digno de ella y busqué a alguien para ofrecérsela. Fui por aquí, fui por allá, hasta que tropecé con la niña que le decían Caperucita Roja. La conocía pero nunca había tenido la ocasión de acercarme. La había visto pasar hacia la escuela con sus compañeros desde finales de abril. Tan locos, tan traviesos, siempre en una nube de polvo, nunca se detuvieron a conversar conmigo, ni siquiera me hicieron un adiós con la mano. Qué niña más graciosa. Se dejaba caer las medias a los tobillos y una mariposa ataba su cola de caballo. Me quedaba oyendo su risa entre los árboles. Le escribí una carta y la encontré sin abrir días después, cubierta de polvo, en el mismo árbol y atravesada por el mismo alfiler. Una vez vi que le tiraba la cola a un perro para divertirse. En otra ocasión apedreaba los murciélagos del campanario. La última vez llevaba de la oreja un conejo gris que nadie volvió a ver.

Detuve la bicicleta y desmonté. La saludé con respeto y alegría. Ella hizo con el chicle un globo tan grande como el mundo, lo estalló con la uña y se lo comió todo. Me rasqué detrás de la oreja, pateé una piedrecita, respiré profundo, siempre con la flor escondida. Caperucita me miró de arriba abajo y respondió a mi saludo sin dejar de masticar.

–¿Qué se te ofrece? ¿Eres el lobo feroz?

Me quedé mudo. Sí era el lobo pero no feroz. Y sólo pretendía regalarle una flor recién cortada. Se la mostré de súbito, como por arte de magia. No esperaba que me aplaudiera como a los magos que sacan conejos del sombrero, pero tampoco ese gesto de fastidio. Titubeando, le dije:

–Quiero regalarte una flor, niña linda.
–¿Esa flor? No veo por qué.
–Está llena de belleza –dije, lleno de emoción.
–No veo la belleza –dijo Caperucita–. Es una flor como cualquier otra.

Sacó el chicle y lo estiró. Luego lo volvió una pelotita y lo regresó a la boca. Se fue sin despedirse. Me sentí herido, profundamente herido por su desprecio. Tanto, que se me soltaron las lágrimas. Subí a la bicicleta y le di alcance.

–Mira mi reguero de lágrimas.
–¿Te caíste? –dijo–. Corre a un hospital.
–No me caí.
–Así parece porque no te veo las heridas.
–Las heridas están en mi corazón -dije.
–Eres un imbécil.

Escupió el chicle con la violencia de una bala.

Volvió a alejarse sin despedirse.

Sentí que el polvo era mi pecho, traspasado por la bala de chicle, y el río de la sangre se estiraba hasta alcanzar una niña que ya no se veía por ninguna parte. No tuve valor para subir a la bicicleta. Me quedé toda la tarde sentado en la pena. Sin darme cuenta, uno tras otro, le arranqué los pétalos a la flor. Me arrimé al campanario abandonado pero no encontré consuelo entre los murciélagos, que se alejaron al anochecer. Atrapé una pulga en mi barriga, la destripé con rabia y esparcí al viento los pedazos. Empujando la bicicleta, con el peso del desprecio en los huesos y el corazón más desmigajado que una hoja seca pisoteada por cien caballos, fui hasta el pueblo y me tomé unas cervezas. “Bonito disfraz”, me dijeron unos borrachos, y quisieron probárselo. Esa noche había fuegos artificiales. Todos estaban de fiesta. Vi a Caperucita con sus padres debajo del samán del parque. Se comía un inmenso helado de chocolate y era descaradamente feliz. Me alejé como alma que lleva el diablo.

Volví a ver a Caperucita unos días después en el camino del bosque.

–¿Vas a la escuela? –le pregunté, y en seguida me di cuenta de que nadie asiste a clases con sandalias plateadas, blusa ombliguera y faldita de juguete.


–Estoy de vacaciones –dijo–. ¿O te parece que éste es el uniforme?

El viento vino de lejos y se anidó en su ombligo.

–¿Y qué llevas en el canasto?


–Un rico pastel para mi abuelita. ¿Quieres probar?

Casi me desmayo de la emoción. Caperucita me ofrecía su pastel. ¿Qué debía hacer? ¿Aceptar o decirle que acababa de almorzar? Si aceptaba pasaría por ansioso y maleducado: era un pastel para la abuela. Pero si rechazaba la invitación, heriría a Caperucita y jamás volvería a dirigirme la palabra. Me parecía tan amable, tan bella. Dije que sí.

–Corta un pedazo.


Me prestó su navaja y con gran cuidado aparté una tajada. La comí con delicadeza, con educación. Quería hacerle ver que tenía maneras refinadas, que no era un lobo cualquiera. El pastel no estaba muy sabroso, pero no se lo dije para no ofenderla. Tan pronto terminé sentí algo raro en el estómago, como una punzada que subía y se transformaba en ardor en el corazón.

–Es un experimento –dijo Caperucita–. Lo llevaba para probarlo con mi abuelita pero tú apareciste primero. Avísame si te mueres.

Y me dejó tirado en el camino, quejándome.

Así era ella, Caperucita Roja, tan bella y tan perversa. Casi no le perdono su travesura. Demoré mucho para perdonarla: tres días. Volví al camino del bosque y juro que se alegró de verme.

–La receta funciona –dijo–. Voy a venderla.

Y con toda generosidad me contó el secreto: polvo de huesos de murciélago y picos de golondrina. Y algunas hierbas cuyo nombre desconocía. Lo demás todo el mundo lo sabe: mantequilla, harina, huevos y azúcar en las debidas proporciones. Dijo también que la acompañara a casa de su abuelita porque necesitaba de mí un favor muy especial. Batí la cola todo el camino. El corazón me sonaba como una locomotora. Ante la extrañeza de Caperucita, expliqué que estaba en tratamiento para que me instalaran un silenciador. Corrimos. El sudor inundó su ombligo, redondito y profundo, la perfección del universo. Tan pronto llegamos a la casa y pulsó el timbre, me dijo:

–Cómete a la abuela.

Abrí tamaños ojos.

–Vamos, hazlo ahora que tienes la oportunidad.

No podía creerlo.

Le pregunté por qué.

–Es una abuela rica –explicó–. Y tengo afán de heredar.

No tuve otra salida. Todo el mundo sabe eso. Pero quiero que se sepa que lo hice por amor. Caperucita dijo que fue por hambre. La policía se lo creyó y anda detrás de mí para abrirme la barriga, sacarme a la abuela, llenarme de piedras y arrojarme al río, y que nunca se vuelva a saber de mí.

Quiero aclarar otros asuntos ahora que tengo su atención, señores.
Caperucita dijo que me pusiera las ropas de su abuela y lo hice sin pensar. No veía muy bien con esos anteojos. La niña me llevó de la mano al bosque para jugar y allí se me escapó y empezó a pedir auxilio. Por eso me vieron vestido de abuela. No quería comerme a Caperucita, como ella gritaba. Tampoco me gusta vestirme de mujer, mis debilidades no llegan hasta allá. Siempre estoy vestido de lobo.

Es su palabra contra la mía. ¿Y quién no le cree a Caperucita? Sólo soy el lobo de la historia.

Aparte de la policía, señores, nadie quiere saber de mí.

Ni siquiera Caperucita Roja. Ahora más que nunca soy el lobo del bosque, solitario y perdido, envenenado por la flor del desprecio. Nunca le conté a Caperucita la indigestión de una semana que me produjo su abuela. Nunca tendré otra oportunidad. Ahora es una niña muy rica, siempre va en moto o en auto, y es difícil alcanzarla en mi destartalada bicicleta. Es difícil, inútil y peligroso. El otro día dijo que si la seguía molestando haría conmigo un abrigo de piel de lobo y me enseñó el resplandor de la navaja. Me da miedo. La creo muy capaz de cumplir su promesa.”

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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    09.02.13 2:59

6.- Caperucita Roja según los Hermanos Grimm.





Continuamos con el viaje de Caperucita. Después de casi un siglo de éxito incontestable (e inesperado) en Francia de la primera versión publicada por Charles Perrault, Caperucita Roja emprendió un curioso viaje a finales del siglo XVII de la mano de los hugonotes exiliados, que llevaban consigo el repertorio de cuentos galos. Estos protestantes franceses tuvieron que huir a causa de las Guerras de Religión, recalando en países no católicos como Inglaterra, Suiza, Países Bajos, Norteamérica y Alemania.

En 1729 Robert Samber traduce de manera bastante fiel el cuento de Caperucita Roja de Perrault al inglés (Little Red Riding-Hood), aunque introduce alguna pequeña variación como darle a nuestra Caperucita nombre de bautizo (Biddy) o vestir con un camisón al lobo en el momento de compartir lecho con la protagonista. Samber suprime la moraleja final, como harán más tarde los Grimm. Algunos años después el cuento arriba a América (1796) sin grandes variaciones con respecto a la edición inglesa, salvo que el relato ya es dirigido de forma prioritaria a los niños a través de los chapbooks de las colecciones infantiles. En Alemania se traduce el cuento por primera vez en 1790, directamente de la versión de Perrault



Particularmente en este último país, los cuentos de Perrault se fundieron con el sustrato local popular, lo que propició que, a principios del siglo XIX los hermanos Jaco Grimm y Wilhelm Grimm recogieran, junto a otros cuentos, la versión popular alemana de “Caperucita Roja”, (Rotkäppchen) que hasta la actualidad es la más conocida y leída universalmente. Lo hicieron en su mítico primer volumen de los Kinder-und Hausmärchen o Cuentos de niños y del hogar, publicado en 1812. Jacobo Grimm era filólogo y folclorista, su hermano Guillermo era poeta. Como trabajaron en el período romántico y el Romanticismo adhería a lo popular y a lo mágico, sus versiones de los cuentos tienen un aire folclórico a la vez que una atmósfera poética.

En contra de lo que se pueda pensar, los Hermanos Grimm no se limitaron a transcribir palabra por palabra la tradición oral. Solía creerse que los Grimm habían realizado viajes por el campo en profundidad con el fin de capturar la tradición popular viva. Pese a su reputación como padres del folclore, investigadores del siglo XX demostraron que los hermanos Grimm habían realizado gran parte de su recopilación de cuentos en su propia casa. En primer lugar sus fuentes no fueron campesinas alemanas arrugadas y marchitas, sino que con frecuencia recurrieron a sus amigos y familiares, personas de clase media familiarizadas con un amplio abanico de tradiciones narrativas, incluido el cuento de hada francés.



En un principio los cuentos de los Grimm no estaban destinados a los niños, ya que la literatura infantil y el concepto de niñez tal y como lo entendemos en la actualidad no existía. La primera edición de Cuentos de niños y del hogar, publicada en dos volúmenes entre 1812 y 1815, profusamente anotada y sin ilustraciones de ningún tipo, distaba mucho de ser una lectura ligera. La intención de los hermanos Grimm no era divertir sino ofrecer una fuente académica a todos aquellos interesados en las tradiciones alemanas y proporcionar un punto de partida para las comparaciones con cuentos extranjeros, procurando ofrecer una documentación fiel a sus fuentes. Su interés principal era una investigación filológica, motivada por una ideología de un retorno nacional a las «raíces». Sin embargo, los Grimm no pertenecían a una familia adinerada. Sus ambiciones intelectuales habían tomado forma en medio de las dificultades, y no transcurrió mucho tiempo antes de que cambiaran el énfasis de su trabajo y pasaran del público académico al mercado infantil potencialmente más lucrativo. Así, mientras en el prefacio de la primera edición de 1812, escrita por Guillermo Grimm aseguraban que:«Hemos tratado de presentar estos cuentos de hadas de la manera más pura posible (…) no se ha agregado, embellecido o cambiado ningún detalle» «El libro no está escrito para niños, aunque si les gusta, tanto mejor; no hubiera puesto tanto ánimo en componerlo de no haber creído que las personas más graves y cargadas de años podían considerarlo importante …», en su segunda edición, publicada en 1819, se enorgullecen igualmente de estarla mejorando. Completaron cuentos fragmentarios, se permitieron elaborar ciertas historias de forma más simple y elocuente y, por encima de todo se esmeraron por tener en cuenta a los lectores más jóvenes: «Sin embargo, en esta nueva edición hemos borrado cuidadosamente todas las expresiones inadecuadas para la niñez. Si, no obstante, se hubiera de objetar que a los padres este u otro detalle les resulta embarazoso o chocante, de modo que serían renuentes a poner el libro en las manos de los niños, podría haber casos en que su preocupación estuviera justificada y entonces ellos pueden escoger fácilmente: en general, es decir, en condiciones sanas, eso es ciertamente innecesario.»



También es interesante señalar que el gran éxito de la primera edición inglesa de los Grimm, publicada en 1823 y adaptada para los niños por Edgar Taylor, animó a los Hermanos Grimm a publicar en 1825 una colección de alrededor de 50 cuentos populares, modificados para los niños de la misma manera que en la edición inglesa. Esta edición condensada e ilustrada magníficamente por Jacob Grimm, más tarde llegó a ser conocida como la “Kleine Ausgabe” (Pequeña Edición) y, lanzada durante la temporada navideña, obtuvo un éxito comercial mucho mayor que cualquiera de sus predecesoras. Entre 1825 y 1858 se publicarían diez ediciones de esta “Pequeña Edición”. Durante el transcurso de sus vida, los hermanos (Wilhelm en mayor medida) continuaron editando la colección para oídos “infantiles” y también “paternos”. El propósito era “que su poesía viva sea efectiva y produzca placer dondequiera que pueda, y también que el libro sirva de manual de buenas costumbres”

Una comparación de los primeros manuscritos con las posteriores ediciones de los cuentos revela que, a lo largo de las siete ediciones que publicaron durante su vida, los hermanos adornaron, redactaron, combinaron los mejores elementos de cuentos con versiones paralelas y eliminaron algunas historias por completo. Entre los principales cambios introducidos por los Grimm, se pueden señalar: la inclusión de nexos lógicos más fuertes –en línea con la mentalidad burguesa corriente y su moral–, cortes de episodios truculentos, censuras y una acentuada transmisión de virtudes tales como la sencillez, la modestia, y la caridad; también la inteligencia que vence a la fuerza bruta. Los finales son siempre felices y sus cuentos incluyen algunos elementos descriptivos más propios de la escritura literaria que de las versiones orales que les dieron origen. La recopilación final, de 210 cuentos, publicada en 1857, conocida con el nombre de “Cuentos de Hadas de los Hermanos Grimm”, y revisada de acuerdo con las expectativas de críticos y lectores padres en especial, no presentan el folclore del pasado, sino todo lo contrario: los relatos para una nueva época y vino a personificar los primeros cuentos de hadas dirigidos, por vez primera, a los niños.



>Pero retomando la versión de caperucita roja diremos que para la elaboración del cuento los hermanos Grimm partieron de tres fuentes: la primera, el cuento de Perrault de 1697 que conocían sobradamente como ávidos lectores que eran y conocedores de más de quince idiomas y dialectos; la segunda, una versión oral procedente de los hugotones de una amiga y vecina, Marie Hassenpflug, que había tenido acceso a una buena educación, y que, por tanto, es probable que conociera el escrito de Perrault; y la tercera, una adaptación teatral llevada a cabo en 1800 por el autor romántico alemán Ludwig Tieck, titulada Leben und Tod des kleinen Rotkäppchens: eine Tragödie (Vida y muerte de la joven Caperucia Roja: Una Tragedia)[ver enlaces externos], a quien los Hermanos Grimm se refirieron en sus notas sobre «Rotkäppchen»: «Bei Perrault chaperon rouge, wonach Tieck’s anmuthige Bearbeitung in den romantischen Dichtungen…» «En ‘La Caperucita Roja’ de Perrault, de acuerdo con la encantadora adaptación de Tieck a la manera romántica».




En esta curiosa adaptación teatral de Tieck, Caperucita representa a la juventud alemana, que primero se siente atraída por los ideales de la Revolución Francesa de 1789 –el Lobo -, pero luego se retrae horrorizada frente a la barbarie de la revolución: la caperuza roja sería una clara referencia a la moda alemana de ponerse el gorro frigio en homenaje a los ideales de la revolución jacobina. Tieck modifica sustancialmente el cuento introduciendo diálogo, descripciones y caracterizaciones detalladas de los personajes. El lobo es dotado de una compleja caracterización psicológica e introduce el personaje del perro como su confidente, al cual cuenta su trágica historia (se vuelve contra el hombre cuando éste acaba con su compañera, una bella loba). La figura del cazador es introducida por vez primera por Tieck y, aunque no logra salvar a Caperucita y a la abuela, sí mata al lobo.

Caperucita Roja de los Hermanos Grimm debió componerse entre 1806 y 1811 e introduce ya grandes modificaciones con respecto a la versión de Perrault de 1697:

• La mantequilla de la cesta es cambiada por una botella de vino.

• La madre introduce una recomendación a Caperucita antes de partir, promoviendo valores de enseñanza y disciplina, con una figura maternal más destacada.

• El lobo se pone las ropas de la abuela después de devorarla (la desnudez desaparece) y se mete en la cama de ésta. Además Caperucita no se acuesta en la cama con el lobo. La historia deja de ser parábola sexual para transformarse en fábula familiar.





• Se introduce la figura del cazador. En algunas variaciones victorianas de esta versión, como la publicada en la “Father Tuck`s Little Folk Series”, el cazador-leñador es en realidad el padre de Caperucita que al final del cuento, reducida al tamaño de una muñeca, se sienta sobre los hombros de su padre poco después de que la hubiera rescatado en compañía de su perro, el bueno y viejo Trusky (trad.fiel) La caza era frecuente en Alemania entre la clase popular, a diferencia de Francia, donde estaba reservada a las clases altas. El cazador libera a Caperucita y a la abuela, dotando así al cuento de un final feliz. Es muy posible que la fuente del final feliz fuera tomada por contaminación de otro cuento alemán de origen francés “El lobo y los siete cabritos”-«Der Wolf und die sieben jungen Geisslein”. El elemento del «lobo» ya era parte del inventario de los cuentos de hadas y, por ende, una solución casi ya hecha.

• Se añade otro final más al cuento (en las ediciones posteriores a la primera) donde un segundo lobo es escarmentado por Caperucita y su abuela y acaba ahogado en una tina llena de agua. Este segundo final nos proporciona una imagen de la mujer que contrasta radicalmente con las ideas de feminidad dominantes en la época: Caperucita y su abuela son aquí mujeres hábiles, no un par de niñas indefensas que necesitan ser rescatadas. Sin embargo, lo más notable de este epílogo no es la lección en sí misma, sino el hecho de que se omita en las traducciones populares del cuento y que incluso hoy sea prácticamente desconocido.



De los Grimm en adelante, el viaje narrativo de la, a veces, mal avenida pareja niña-lobo, adquirió connotaciones bastante variopintas según la época en la que fue difundido. La versión del cuento cambiaría de un modo u otro en función de la utilización interesada que se le quería dar. Existen un sinfín de reelaboraciones cuya reseñas obligaría a escribir, como mínimo, decenas de artículos de parecidas dimensiones a éste. Lo iremos haciendo en este blog, siempre y cuando queráis, os siga interesando y mi salud y tiempo libre lo permita.

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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    13.02.13 17:11

7.- Caperucita Roja políticamente correcta.




James Finn Garner escribió en 1994 un libro titulado “Cuentos infantiles políticamente correctos“ (Politically correct bedtime stories) (Ed. Circe), en donde rescata algunos relatos de siempre (Blancanieves, La Cenicienta, Los tres cerditos, y por supuesto, Caperucita Roja) adaptándolos a la modernidad de nuestra sociedad, y estableciendo, con un delicioso sentido del humor, valores de respeto al prójimo: tolerancia, defensa de los derechos laborales y demás causas que hoy tanto se cuidan en la escuela y en la edición de libros infantiles.

En vista de que cuentos como Caperucita Roja (salta a la vista su escaso respeto por los ancianos) o “El enano Saltarín“(explotación laboral de la mujer y menosprecio de las personas bajitas) podían herir la sensibilidad de los lectores de hoy en día, Garner los ha vuelto a (re)escribir con un lenguaje “políticamente correcto”.

El propio autor nos indica en el prólogo del libro:


“No cabe duda de que, cuando fueron originalmente escritos, los cuentos en los que se basan las siguientes historias cumplían con una función determinada, consistente en afianzar el patriarcado, distraer a las personas de sus impulsos naturales, “demonizar” el “mal” y “recompensar” el “bien” “objetivo”. Por más que lo deseemos, no es justo culpar a los Hermanos Grimm de su insensibilidad ante los problemas de la mujer, las culturas minoritarias y el entorno natural. Del mismo modo, debemos comprender que en la farisaica Copenhague de Hans Christian Andersen apenas cabía esperar simpatía alguna por los derechos inalienables de toda sirena.



Hoy en día, tenemos la oportunidad – y la obligación- de replantearnos estos cuentos” clásicos” de tal modo que reflejen la ilustración de la época en la que vivimos, y tal ha sido mi propósito al redactar esta humilde obra”

[...] “Deseo disculparme de antemano y animar al lector a presentar cualquier sugerencia encaminada a rectificar posibles muestras -ya debidas a error u omisión- de actitudes inadvertidamente sexistas, racistas, culturalistas, nacionalistas, regionalistas, intelectualistas, socieconomistas, etnocéntricas, falocéntricas, heteropatriarcales o discriminatorias por cuestiones de edad, aspecto, capacidad física, tamaño, especie u otras no mencionadas, ya que no me cabe duda de que mi intento por desarrollar una literatura significativa y desprovista de cualquier posible arbitrariedad y de la influencia de las imperfecciones del pasado ha de hallarse necesariamente sujeto a errores”

Cuentos Infantiles políticamente correctos es un librito de apenas 150 páginas, para una lectura a ratos, fácil, divertida y amena. Tras el éxito de esta recopilación en 1996 publicó “Más cuentos infantiles políticamente correctos“.

Un año después, en 1997, se editaría “Cuentos navideños políticamente correctos“.

“[...] Para la publicación de este segundo volumen [Más Cuentos políticamente correctos], no hemos escatimado esfuerzos en nuestro empeño por lograr una edición menos agresiva con el medio ambiente: hemos empleados tintas naturales derivadas de la soja, sistemas de repartos ciclísticos…”

“Desgraciadamente, las restricciones de espacio nos han forzado, una vez más, a omitir el cuento El patito que logró verse juzgado por sus méritos personales y no por su apariencia física.”

Os dejo ya con la versión políticamente correcta del cuento de Caperucita Roja propuesta por James Finn Garner, en donde la abuela no es vieja, sino que posee una “perfecta salud mental y es perfectamente capaz de cuidar de sí misma en su condición de adulto maduro“.




7.- Caperucita Roja políticamente correcta.





“Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana. De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

- Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

- No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques. Respondió Caperucita:

- Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial (en tu caso propia y globalmente válida) que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.





Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho. Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

- Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

- Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

- ¡Oh! -repuso Caperucita. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo.

- Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

- Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

- Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes! (relativamente hablando, claro está, y, a su modo, indudablemente atractiva).

- Y… ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!





Respondió el lobo:

- Soy feliz de ser quien soy y lo que soy…Y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla. Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal. Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente…

- ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita. El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.

- ¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre.Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

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MensajeTema: Re: CAPERUCITA ROJA: 1, 2 . . .8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.    18.02.13 22:06

8.- El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.






Hace cientos de años, en las lejanas colinas de Francia, circulaba de boca en boca un cuento grotesco y particular sobre una niña que se comía a su abuela. El cuento comienza de forma bastante familiar, con un encuentro en un bosque. En una bifurcación del camino hacia la casa de su abuela, la niña se encuentra con un bzou, (una especie de demonio u hombre lobo). La historia narrada sería algo así:

El Cuento de la abuela

“Había una mujer que acababa de cocer pan. Le dijo a su hija:
- Ve a llevarle esta hogaza calentita y esta botella de leche a tu abuelita.
Y la niña partió. En la encrucijada se topó con un bzou, (un hombre lobo), que le dijo:
- ¿Adónde vas?.
- Le llevo esta hogaza calentita y esta botella de leche a mi abuelita.
- ¿Qué camino tomarás? – le preguntó el bzou- ¿el de las agujas o el de los alfileres?
- El camino de las agujas, le dijo la niña.
- Vale, entonces yo tomaré el de los alfileres.
La pequeña niña se distrajo recogiendo agujas. Mientras tanto, el hombre lobo llegó a la casa de la abuela, la mató y puso un poco de su carne en la despensa y una botella de su sangre en el estante. La niña llegó y llamó a la puerta.
- Empuja- dijo el bzou- está cerrada con paja mojada.
- Buenos días, abuelita. Te traigo una hogaza calentita y una botella de leche.
- Ponlo en la despensa, mi niña. Coge la carne que está allí, y bebe de la botella de vino que hay sobre el estante.

Mientras ella comía, un pequeño gato decía:
¡Que puerca! Se come la carne de su abuela y se bebe su sangre.
- Desvístete, mi niña- dijo el hombre lobo- y échate aquí, junto a mí.
- ¿Dónde dejo el delantal?
-Tíralo al fuego, mi niña, ya no te va a hacer ninguna falta.



Y cada vez que le preguntaba dónde dejaba todas sus otras prendas, el corpiño, el vestido, las enaguas, las largas medias, el bzou respondía:
-Tíralas al fuego, mi niña, no las necesitarás nunca más.
Cuando se tumbó en la cama, la niña dijo:
- Ay, abuelita, ¡qué peluda eres!
- Así no paso frío, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué uñas tan largas tienes!
- Así me rasco mejor, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué hombros tan anchos tienes!
- Así puedo cargar la leña para el fuego, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Así te oigo mejor, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué agujeros de la nariz tan grandes tienes!
- Así aspiro mejor el aroma de mi tabaco, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué boca tan grande tienes!
- Es para comerte mejor, mi niña.
- ¡Oh abuelita, me he puesto mala¡ Déjame salir.
- Mejor háztelo en la cama, mi niña.
- Ay, no, abuelita, quiero ir fuera.
- De acuerdo, pero no tardes mucho.
El bzou le ató un cordón de lana al pie y la dejó salir. Cuando la niña estuvo fuera, ató el cordón a un ciruelo que había en el jardín. El hombre lobo se impacientó y dijo:
- ¿Estás haciendo mucho? ¿Estás cagando?.
Cuando vio que no le respondía nadie, salió de la cama de un salto y vio que la niña había escapado. La siguió pero llegó a su casa justo cuando ella cerraba la puerta tras de sí, poniéndose a salvo.

El cuento de la abuela. Relato oral tradicional recogido hacia 1885. Tomado de P. Delarue y M.L. Tenèze, en Le conte populaire francais, Erasme, París, 1957.


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En 1951, el folclorista francés Paul Delarue (1889-1956) publicó un estudio sobre esta extraña historia, a la que dio nombre de “El cuento de la abuela” (Contes de la Mère-grand). Ya nos referimos a este folclorista francés en una entrada anterior de este blog en la que recogimos la versión del historiador Rober Darnton, en su libro La gran matanza de gatos (en la que, a diferencia de ésta, omite el final feliz del cuento, ya que únicamente le interesa el documento histórico).

Pero esta historia oral no era única. Durante el curso de su investigación, Delarue encontró en Francia y regiones de habla francesa, docenas de versiones del cuento. En total, junto con la folclorista Marie-Louse Teneze, recopiló en su libro Le conte populaire francais, treinta y cinco hermanas orales de Caperucita Roja (veinte versiones provenientes de la versión oral, dos versiones que eran vástagos del cuento de Perrault y una docena que mezclaban elementos de Perrault y una tradición oral independiente), la prueba de su oculto pasado. Además incluyó otras versiones paralelas de algunos de los cuentos populares más conocidos: “Rapochingo”, en la que la heroina invita a su príncipe a subir a la torre para hacer el amor; un tenebroso “Barba Azul“, que expone sobre la pared los cuerpos sin vida de sus esposas; un grupo de Cenicienta más cínico; y variaciones de tono de “La Bella Durmiente“. Contiene cuentos de sexo, canibalismo, violación, incesto, defecación y micción, sodomía, engaños al Demonio y trampas a Dios.

Más importante todavía es el hecho de que mientras Delarue estaba recopilando estos cuentos en Francia, estudiosos e investigadores descubrían relatos casi idénticos por toda Europa. Italo Calvino incluyó “La falsa abuela”, un relato de los Abruzos, en su recopilación de ”Cuentos populares italianos“, publicada en 1956. La heroína de esta versión pasa un río y una puerta (no un bosque) y se encuentra con una mujer ogro (no con un bzou) que fríe las orejas de su abuela y cocina sus dientes. Tras entrar en la cama, la niña descubre que la ogra es grande y peluda y que tiene cola. En Asia, el sociólogo y folclorista Wolfram Eberhard documentó y analizó alrededor de 241 cuentos taiwanesas eque se parecen mucho al de Delarue, con la diferencia de que, en lugar del bzou, es un tigre quien se oculta bajo las mantas de la abuela. El tigre se zampa a las hermanas menores de la niña y, en algunas versiones, le entrega a ella uno de sus dedos para que lo mastique. En “Lon Po Po”, la versión china del cuento, una madre atraviesa el bosque mientras el lobo, disfrazado como la abuela (Po Po), visita a sus hijos en su propia casa. A pesar de que en algunas de estas versiones hay dos o tres niñas y no una sola, el relato es sin lugar a dudas el mismo.



El Cuento de la abuela está repleto de significados simbólicos muy distintos. La niña tropieza con un bzou, lo que algunos estudiosos interpretan como un encuentro sexual indigno. El bzou puede ser una figura masculina, pero puede ser también una mujer ogro, símbolo de la opresión maternal. Hay leche y pan, ingredientes del mundo materno-infantil. Se plantea una encrucijada entre agujas o alfileres, símbolos que aparecen en los ritos de iniciación femenina de todo el mundo y, en especial en Francia, donde enviar a una joven como aprediz de costurera era común. La industria textil era muy importante en Francia. Se hilaba en los hospitales, orfanatos, cárceles. Se concedían premios a las mujeres que más hilaban. Durante el trabajo las mujeres narraban historias e introducian signos del mismo hasta que contar un cuento e hilar se convirtieron en una misma cosa. Además, términos de costura aparecen en muchos cuentos de hadas literarios. “La Bella durmiente” se atraviesa la mano con un viejo huso. “El Enano Saltarín” hila paja y la convierte en oro. Nada de esto es coincidencia. Hay detalles extraños, como la aparición del gato parlante (personaje peculiar de lo cuentos de hadas). Lo escatológico y la alusión a la caca también está presente de la misma manera que existía en al cotidianeidad de una sociedad campesina en donde los espacios se compartían. También se advierte la obscenidad y casi la pornografía materializadas en sangre y la carne. Hay cosas que parecen duras: el canibalismo involuntario, (un recordatorio simbólico de que lo viejo renacerá en lo joven; somos carne de nuestros ancestros, sangre de su sangre), o el que las mujeres beban o fumen. Más que una historia para educar en los valores imperantes parece un mal sueño.

Algunas de las historias relacionadas con “Caperucita Roja” recogidas por Delarue fueron contaminadas por su contacto con “Le petit chaperon rouge” de Charles Perrault, esto es, poseían detalles distintos, como el motivo de la capucha roja, una de las invenciones del escritor. Pero otras no. Estas historias, que en apariencia no deben nada al cuento de hadas literario, evidencian la existencia de un ancestro narrativo anterior al primer relato escrito de Perrault. El descubrimiento permitió a los estudiosos del folclore afirmar, con cierto grado de certeza, que “El cuento de la abuela” fue la forma en que años atrás se contaba la aventura de Caperucita Roja al lado del fuego o en el campo, mucho tiempo antes de que encontrara su camino hacia la letra impresa y sus posteriores adaptaciones.


Ilustraciones del texto: Perrault, Charles. Old-Time Stories. W. Heath Robinson, illustrator. A. E. Johnson, translator. New York: Dodd, Mead & Company, [1921]. Extraidas de The Annotated Little Red Riding Hood.

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La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada
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